En enero de 2020 las captaciones del sistema financiero dominicano supervisado sumaban RD$1.58 billones. En julio de 2026 suman RD$3.48 billones, un aumento nominal de 120.6 %.
Esa cifra circula bien. Es la que permite decir que el sistema financiero dominicano goza de confianza, que el ahorro crece, que el país está mejor. Y no es falsa.
Pero el peso de 2020 no vale lo que el peso de 2026, y el saldo de un sistema no es lo mismo que el rendimiento de un depósito. Al abrir esas dos distinciones, la serie cuenta una historia bastante menos cómoda.
Primero, lo que sí creció
El Índice de precios al consumidor pasó de 99.22 en enero de 2020 a 140.22 en julio de 2026: una variación acumulada de 41.3 %. Descontada esa inflación, el crecimiento real de las captaciones es de 56.1 %. Método: el factor nominal (2.2065) dividido entre el factor de precios (1.4132).
Cincuenta y seis por ciento de crecimiento real en seis años y medio. El sistema no solo siguió el paso de los precios: los superó con holgura. No hubo fuga de depósitos, ni pánico, ni contracción.
Ese es el hecho, y conviene fijarlo antes de complicarlo.
Lo que no creció fue el peso depositado
El crecimiento del saldo mide cuánto dinero entró. No mide cuánto rindió el que ya estaba. Son cosas distintas, y para el ahorrista individual solo importa la segunda.
El costo promedio de captación de los bancos múltiples —lo que pagan, en conjunto, por el dinero que reciben— fue de 3.73 % en enero de 2020, bajó a 2.07 % en diciembre de 2021, subió a 5.03 % en julio de 2025 y se ubica en 3.98 % en julio de 2026.
La inflación interanual fue de 8.50 % en diciembre de 2021, 9.43 % en julio de 2022, 3.57 % en diciembre de 2023, 3.40 % en julio de 2025 y 5.47 % en julio de 2026.

Las dos líneas se cruzan poco, y casi siempre en el mismo sentido. En el momento de mayor inflación —el año que va de finales de 2021 a mediados de 2022— el sistema pagaba por el dinero del público alrededor de un tercio de lo que subían los precios. Un depósito que rendía 2 % mientras la canasta subía 9 % perdía siete puntos de poder de compra al año.
Y hoy, con la inflación de vuelta en 5.47 % y el costo de captación en 3.98 %, la diferencia sigue siendo negativa: alrededor de un punto y medio en contra del depositante.
Hace falta una precisión, porque la cifra no dice exactamente lo que parece. El indicador es un promedio de todas las captaciones, incluidas las cuentas corrientes y de ahorro que pagan poco o nada. Quien coloca a plazo recibe más que ese promedio; quien mantiene su dinero a la vista recibe menos, muchas veces cero. La cifra no es la tasa de un certificado: es el precio medio que el sistema paga por fondearse.
Con esa salvedad declarada, lo que la serie sostiene es que el sistema financiero dominicano se fondeó barato durante todo el período, y particularmente barato cuando los precios más subían.
La respuesta del ahorrista
Los depositantes no se quedaron quietos. La composición del depósito lo muestra.
En los bancos múltiples, los depósitos a plazo pasaron de 24.76 % de los depósitos del público en enero de 2020 a 42.74 % en julio de 2026. El punto más bajo fue diciembre de 2021, con 15.07 %.
Cuando la inflación golpeó, el dinero salió de las cuentas que no pagan y se fue a las que sí. De cada diez pesos depositados hoy en un banco múltiple, más de cuatro están inmovilizados a plazo, frente a menos de dos y medio en 2020.
Ese movimiento es la defensa disponible para un ahorrista: renunciar a liquidez para recuperar algo de rendimiento. Que casi se haya duplicado en seis años indica una migración deliberada, no un accidente contable.
Una advertencia sobre esta misma serie: en las asociaciones de ahorros y préstamos el indicador salta de 0.92 % en diciembre de 2021 a 60.75 % en diciembre de 2023. Un cambio de esa magnitud en dos años no describe comportamiento de depositantes, sino un cambio en cómo se clasifica el dato. CRITERIO no lo utiliza hasta poder documentar qué ocurrió con esa clasificación.
Adónde fue el dinero captado
Hay un tercer movimiento, y es el que conecta esta pieza con lo que ya publicamos sobre los fondos de pensiones.
En enero de 2020, la cartera de crédito bruta de los bancos múltiples equivalía a 76.82 % de sus captaciones totales. En julio de 2026 equivale a 68.55 %.
En el mismo período, las inversiones en valores pasaron de 19.59 % a 33.29 % de las captaciones.

De cada cien pesos que el público deposita en un banco múltiple dominicano, ocho pesos menos que en 2020 se convierten en crédito, y casi catorce pesos más se convierten en títulos.
Un título no es necesariamente público —puede ser deuda corporativa— pero en el mercado dominicano el emisor dominante de valores es el Estado. Sumado a lo que ya sabemos del ahorro previsional, donde el 56.05 % de la cartera es hoy una obligación directa del Ministerio de Hacienda, se dibuja un patrón que atraviesa los dos sistemas de ahorro del país: el ahorro dominicano financia cada vez más al emisor soberano y cada vez menos a la actividad privada.
Esta pieza no puede probar la composición exacta de esas inversiones en valores, porque el indicador agregado no la desglosa. Queda declarado como objeto de la próxima entrega.
Quién capturó el diferencial
Si el ahorrista recibió menos que la inflación y el crédito creció menos que las captaciones, cabe preguntar dónde quedó la diferencia.
La rentabilidad del patrimonio de los bancos múltiples fue de 16.65 % en enero de 2020, 19.76 % en diciembre de 2021, 23.60 % en diciembre de 2023 y 20.51 % en julio de 2026.
El margen de intermediación neto del mismo grupo se mantuvo entre 7.92 % y 8.96 % durante todo el período.
Ese segundo dato es tan revelador como el primero. El costo de fondeo subió y bajó varias veces en seis años; el margen no se movió. El ajuste no lo absorbió el intermediario: se trasladó. Cuando el fondeo se encareció, la tasa activa subió con él.
La rentabilidad no es en sí misma un hallazgo negativo. Un sistema rentable es un sistema solvente, y la solvencia es lo que protege al depositante. Pero un ROE de 23.6 % en el año en que el depositante promedio perdía frente a la inflación describe con precisión de qué lado del contrato quedó el excedente.
Conviene además notar el contraste dentro del propio sistema: en las asociaciones de ahorros y préstamos, la rentabilidad del patrimonio se movió entre 8.13 % y 11.72 %, la mitad de la de los bancos múltiples, mientras pagaban por el dinero del público un punto y medio más.
El indicador que conviene vigilar
El índice de morosidad de los bancos múltiples cayó de 1.77 % en enero de 2020 a un mínimo de 1.06 % en diciembre de 2023, y subió a 1.94 % en julio de 2025. En julio de 2026 se ubica en 1.75 %.
Desde el mínimo de 2023, la morosidad casi se duplicó antes de ceder. Sigue siendo baja para estándares regionales y no anticipa por sí sola un deterioro. Pero es la única de las series revisadas en esta pieza que se movió en dirección contraria a la salud del sistema, y por eso queda declarada.
En sentido opuesto, la eficiencia operativa mejoró de forma sostenida: el indicador de los bancos múltiples pasó de 64.4 % a 56.5 %, ocho puntos de menor gasto por unidad de ingreso.
Las dos verdades
La regla de simultaneidad obliga a dejar ambas afirmaciones en pie.
Es cierto que el ahorro dominicano creció 56 % en términos reales, que el sistema es sólido, más eficiente que en 2020 y con morosidad baja. Un sistema financiero que duplica su tamaño en seis años sin sobresaltos no es un dato menor en la región.
Y es igualmente cierto que ese crecimiento no lo produjo el rendimiento del ahorro: el peso depositado perdió contra los precios durante buena parte del período, el depositante tuvo que inmovilizar su dinero a plazo para defenderse, una porción creciente de lo captado dejó de convertirse en crédito, y la rentabilidad del sistema alcanzó su máximo en el año de mayor pérdida real para el ahorrista.
Quien publique solo la primera lista hace vocería. Quien publique solo la segunda hace panfleto. Las setenta y nueve observaciones mensuales que acompañan esta pieza permiten verificar ambas.
