Entrega I — Dos veredictos sobre el mismo país
Serie: Cómo nos ven los que ponen el dinero
En julio de 2026, los bonos soberanos dominicanos se negociaban en el mercado internacional con un diferencial de 161 puntos básicos sobre los bonos del Tesoro de Estados Unidos. El promedio de América Latina era de 251. Es decir: quien compra deuda dominicana exige menos prima de riesgo que quien compra deuda de la región en promedio, y menos que quien compra deuda de México, Colombia o Panamá.
Los tres países mencionados tienen grado de inversión. República Dominicana no.
Moody’s mantiene al país en Ba2, tras haberlo subido desde Ba3 en 2025. Standard and Poor’s lo sostiene en BB desde 2022. Fitch, en BB-. Las tres notas están por debajo del umbral BBB que separa la deuda apta para inversión institucional de la deuda considerada especulativa.
Hay entonces dos veredictos simultáneos sobre la misma economía, emitidos por dos audiencias que ambas ponen dinero: el mercado secundario dice una cosa, las agencias calificadoras dicen otra. Entender por qué difieren es entender qué mira realmente un inversionista cuando mira a República Dominicana — y por qué el discurso oficial sobre crecimiento no responde a ninguna de las dos preguntas.
Esta serie de cuatro entregas traduce las cifras de la economía dominicana al idioma en que las lee quien decide traer o no traer capital. Empezamos por el tablero completo.
Las cuatro familias
Ningún analista de riesgo soberano mira una cifra aislada. Mira cuatro bloques, y los mira en un orden determinado.
| Familia | Pregunta que responde | Indicadores centrales |
|---|---|---|
| 1. Precio del riesgo | ¿Cuánto cobra hoy el mercado por prestarle a este país? | EMBI, CDS a 5 años, calificación de las tres agencias |
| 2. Capacidad de pago externa | Si se cierra el mercado mañana, ¿con qué paga? | Reservas en meses de importaciones, remesas, IED, cuenta corriente |
| 3. Solvencia del emisor | ¿Puede sostener esta deuda con lo que recauda? | Intereses sobre ingresos tributarios, presión tributaria, perfil de vencimientos |
| 4. Calidad institucional | ¿Es previsible el terreno donde va a operar mi capital? | Ejecución de contratos, previsibilidad tributaria, gobernanza, pérdidas eléctricas |
Las dos primeras familias miden flujos: lo que entra y sale hoy. Las dos últimas miden estructura: lo que el país es. La tesis de esta serie es que República Dominicana tiene flujos excelentes y estructura débil, y que ahí está la explicación completa de la paradoja del EMBI.
Familia 1: el precio del riesgo
El EMBI de J.P. Morgan no es una opinión. Es el promedio ponderado de transacciones reales: el diferencial que los tenedores de bonos dominicanos aceptan en el mercado secundario frente al rendimiento de un bono del Tesoro estadounidense de duración equivalente. Cuando ese diferencial baja, significa que hay compradores dispuestos a aceptar menos compensación por el mismo riesgo.
161 puntos básicos es un número bueno. Es también un número de corto plazo: mide la probabilidad percibida de que el país no honre un cupón en los próximos años, no la calidad del arreglo fiscal que lo sostiene.
La calificación de las agencias mide otra cosa. Mide el marco institucional, la volatilidad histórica de la política fiscal, la capacidad de recaudación y la exposición a shocks. Por eso el país puede tener a la vez un EMBI de país con grado de inversión y una nota de país sin él. No es una contradicción: son dos horizontes distintos.
Lo que cuesta esa diferencia es concreto. Sin grado de inversión, una parte importante del capital institucional global —fondos de pensiones, aseguradoras, fondos con mandato de calidad crediticia— tiene prohibido por reglamento comprar deuda dominicana, sin importar lo que diga el EMBI. El país paga menos que sus pares en el mercado abierto, pero está excluido de la mesa donde se sienta el dinero más grande y más barato.
Familia 2: capacidad de pago externa — la fortaleza real
Aquí el país exhibe sus mejores números, y conviene decirlo sin matices porque son verificables.
Al cierre de junio de 2026, las reservas internacionales sumaban US$15,821.6 millones, equivalentes a 11.3% del PIB y a 5.7 meses de importaciones — por encima de los umbrales que recomienda el Fondo Monetario Internacional. Las remesas del primer semestre alcanzaron US$6,219.3 millones, un 6.7% más que un año antes, con proyección oficial de superar los US$12,200 millones en el año. La inversión extranjera directa del primer semestre llegó a US$3,276.5 millones, 7.7% de crecimiento interanual y el mayor monto semestral registrado.
Un dato desmiente además una intuición extendida: el peso no se está debilitando en 2026. Al 8 de julio, la moneda acumulaba una apreciación de 7.2% frente al dólar. La inflación interanual bajó a 5.47% en julio, y la subyacente —la que excluye los componentes volátiles y guía la política monetaria— se ubicó en 4.96%, dentro del rango meta de 4.0% ± 1.0%.
Para un inversionista, esta familia de indicadores dice: el país tiene con qué pagar y su moneda no me va a licuar el rendimiento este año. Es la razón principal del EMBI bajo.
Familia 3: solvencia del emisor — donde el relato se quiebra
La deuda pública consolidada llegó a US$83,797.9 millones en junio de 2026: 59.5% del PIB, sumando el Sector Público No Financiero (47.9%) y el Banco Central (11.7%). Hace diez años era 53.2%.
Pero el porcentaje del PIB es el indicador equivocado, y conviene explicar por qué. El PIB no es del Estado. El Estado solo dispone de la fracción que logra recaudar, y República Dominicana tiene una de las presiones tributarias más bajas de la región. Medir la deuda contra el PIB es como medir la hipoteca de una persona contra las ventas de la empresa donde trabaja.
El indicador correcto es la carga de intereses sobre lo efectivamente recaudado. En el presupuesto de 2026, los intereses de la deuda representan 26.2% de los ingresos tributarios, frente a 21.2% en 2017. De cada cien pesos que paga el contribuyente dominicano, veintiséis salen antes de que el Estado decida nada.
Y hay un dato que cierra el argumento: según el análisis del CREES, en 2025 el pago de intereses se convirtió en la mayor partida del gasto público ejecutado, con 20.4% del total, por encima de educación, con 20.1%. En el presupuesto inicial de 2026 esa partida asciende a RD$362,550.0 millones.
Un analista de crédito lee esto como rigidez presupuestaria: la proporción del gasto que el gobierno no puede reasignar, decida lo que decida, y que crece cada año.
Familia 4: la que casi nadie mide localmente
El diagnóstico sobre qué le falta al país para cruzar al grado de inversión no lo hemos inventado nosotros. El Fondo Monetario Internacional ha señalado que una reforma fiscal integral que eleve los ingresos tributarios, establezca límites a la deuda de largo plazo y ataque las ineficiencias del sector eléctrico ayudaría a alcanzarlo. J.P. Morgan añadió a esa lista una reforma que fortalezca la institucionalidad y la gobernanza.
Las tres agencias han sido explícitas sobre el mismo punto durante años: la política fiscal dominicana ha sido históricamente expansiva en períodos preelectorales, lo que las agencias leen como evidencia de un marco de decisión influido por consideraciones políticas más que por reglas.
Esta cuarta familia incluye lo que un inversionista privado —no el que compra bonos, sino el que instala una planta— pregunta antes de firmar: cuánto tarda un litigio comercial, qué tan ejecutable es un contrato, si la interpretación tributaria de este año seguirá vigente el próximo. Son variables medibles y en gran medida no medidas en el país. Serán el foco de la cuarta entrega.
La paradoja, resuelta
El mercado y las agencias no se contradicen: miden horizontes distintos y ambos tienen razón.
Los flujos que sostienen el EMBI bajo —remesas, turismo, inversión extranjera— son excelentes y también son exógenos: dependen de la economía estadounidense, del ciclo del turismo global, de decisiones que se toman fuera del país. Pueden deteriorarse rápido y sin aviso.
La estructura que sostiene la calificación —recaudación, rigidez del gasto, calidad institucional— es lenta de construir y es lo único que el país controla enteramente.
República Dominicana está financiándose barato con base en lo que no controla, mientras posterga lo que sí. El grado de inversión no es un premio simbólico: es el reconocimiento de que la segunda columna alcanzó a la primera.
En las próximas entregas
II. El impuesto invisible. Por qué el tipo de cambio no es un debate teórico sino una línea de resta en la hoja de cálculo de quien repatría utilidades. Rendimiento nominal contra rendimiento en dólares, serie histórica.
III. Veintiséis de cada cien. La deuda leída desde el acreedor, y el efecto de desplazamiento: qué ocurre con el crédito a las empresas cuando a la banca le conviene más prestarle al Estado.
IV. El riesgo que no aparece en el EMBI. Ejecución de contratos, mora judicial y previsibilidad tributaria: el descuento que el inversionista aplica sin decirlo.
Nota metodológica
Todas las cifras proceden de fuentes primarias u oficiales: Banco Central de la República Dominicana (reservas, remesas, inflación, tipo de cambio, EMBI), Dirección General de Crédito Público y Digepres (deuda y presupuesto), J.P. Morgan Chase (EMBI), Moody’s, Standard and Poor’s y Fitch (calificaciones), y el Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (composición del gasto ejecutado). Los datos corresponden al cierre disponible más reciente a la fecha de publicación; las series completas están enlazadas al pie.
